28/3/17

¿Sabe si vive en un edificio enfermo?


Cuando como mínimo el 20% de los ocupantes de un edificio presenta quejas referentes a su salud y las causas son difíciles de identificar, se puede considerar que estamos ante un caso de Síndrome de Edificio Enfermo. Así al menos lo establecen la Organización Mundial de la salud (OMS) y el Ministerio de Trabajo.

Pocas veces uno se para a pensar si el suelo de su vivienda, el perfil de la ventana que toca y limpia, u otros elementos menos visibles, como las tuberías, todos ellos elaborados con cloruro de polivinilo, más conocido como PVC, pasarán factura a la salud, como ya lo hace el amianto, material muy utilizado durante la construcción en el siglo XX y cuya comercialización fue prohibida en España en 2002.

Con la salvedad del amianto, no se puede hablar de materiales tóxicos, ya que el mercado actual está fuertemente regulado. Sin embargo, el espectro de materiales permitidos tiene aquellos menos saludables como los que contienen PVC o, en el otro extremo, los más beneficiosos y con propiedades antibacterianas, compuestos con iones de plata o fotocatalíticos, que purifican el aire, como pueden ser cerámicas para pavimentos o fachadas.

Ante este escenario, y teniendo en cuenta que diferentes estudios indican que una persona pasa hasta un 90% de su tiempo en espacios interiores (viviendas y oficinas, fundamentalmente), llegando la concentración de elementos contaminantes, en algunos casos, a niveles de dos a cinco veces superiores a los que se encuentran en ambientes exteriores, el despacho de arquitectura PMMT (Forward Thinking Healthcare Architecture) ha estudiado cómo conseguir edificios verdaderamente "saludables".
Investigación

En esta línea de trabajo, uno de los resultados ha sido Friendly Materials: una investigación de casi tres años coliderada por las arquitectas de PMMT Rita Barata y Joana Cornudella que permite evaluar de forma objetiva, individual y global cómo los materiales comúnmente utilizados en la construcción de edificios afectan a la salud de sus ocupantes. Pero también Friendly Materials tiene el propósito de fomentar la sensibilización sobre ambientes construidos no tóxicos y sobre el diseño de edificios saludables, analizando y divulgando los parámetros que afectan la relación entre arquitectura y salud.Etiquetas 'Friendly Materials'. EM

Y aunque este proyecto tuvo su génesis en un sector tan exigente como el hospitalario, permite cubrir todos los espacios que se ocupan de manera permanente, como es la vivienda, en la que generalmente se pasan más horas, ya sea leyendo, viendo la televisión, cocinando, comiendo, durmiendo, etc. Y cuantas más horas, más exposición. "En este sentido", comentan desde PMMT, "lo óptimo es disfrutar de un ambiente que no agreda nuestra salud".

"Sin embargo, no es tan evidente, ya que no se ocasionan efectos adversos inmediatos para la salud y se tiende a minimizar su importancia", destaca Barata, responsable del proyecto. Efectos provocados por materiales que afectan a la calidad del aire interior y que son capaces de alterar la salud física y mental, provocando elevados niveles de estrés, largas cefaleas, problemas de hipersensibilidad o falta de concentración, entre otros trastornos.
Puntuación de los materiales

Pese a que ya existen bases de datos nacionales e internacionales que analizan sustancias químicas y materiales de construcción, Friendly Materials lleva este proceso más lejos: también considera los sistemas constructivos y espacios interiores. Este análisis tiene por base las diferentes etapas del proyecto de arquitectura, "algo que nos ha permitido desarrollar algoritmos propios que permiten puntuar materiales de construcción, sistemas constructivos y espacios interiores", expone Barata. Asimismo, se diferencia de las demás fuentes de materiales al compartir información muy compleja de manera fácil de leer y accesible a todo tipo de público.Etiquetas 'Friendly Materials'. EM

De este modo, Friendly Materials, además de los materiales constructivos, estudia la vida útil del edificio. Esta metodología, válida para edificios en fase de diseño y, obviamente, para obra nueva, utiliza un algoritmo propio que considera hasta 30 factores de influencia ordenados en cuatro grupos: sustancias químicas, productos, sistemas constructivos y espacios interiores.

"Toda la información se recoge en fichas infográficas que tienen, entre otros elementos, un índice de valoración que va de cero a 100 y que puntúa el nivel de salud que aportan los materiales utilizados en ese edificio y cómo inciden en la salud de sus ocupantes", resume Patricio Martínez, arquitecto, fundador y director de PMMT Arquitectura.

Los criterios generales para conseguir un espacio saludable son iguales para cualquier tipo de edificación. A nivel de consumidor final, la sustancia no tiene relevancia, puesto que lo que se elige directamente es el producto. "Ahora bien", destacan desde PMMT, "a la hora de elegir este producto deberíamos elegir aquellos que no afectan negativamente a la calidad del aire interior y contribuyen a un entorno saludable, dando prioridad a los productos que tengan certificaciones por entidades externas".
Otros factores: aire, iluminación, etc.

En cuanto al sistema constructivo, "será algo que decidirá el técnico redactor del proyecto o la empresa constructora y por tanto ellos deberán asegurarse que cumple con los criterios anteriores", según el arquitecto y también director de PMMT Maximià Torruella. Finalmente, el espacio se compone de una suma de sistemas constructivos; "si estos están bien escogidos generaremos un espacio con mayores índices de salud", apuntan desde el despacho de arquitectura. "Y es que no debemos olvidar que en un espacio también existen otros factores que afectan a la salud como son la calidad de aire interior, la iluminación, los campos magnéticos naturales y artificiales", remarcan.

PMMT considera urgente frenar el uso de materiales que contengan compuestos químicos perjudiciales para la salud humana y defiende una mayor transparencia de información y del principio de precaución. "Nos hemos dado cuenta que ni siempre es fácil encontrar la información sobre la composición de los materiales de construcción que buscamos ni, cuando esta existe, es fácil de interpretar", asegura Barata.

De cara a 2020, año en el que todos los edificios deberán ser de consumo de energía casi cero, y si lo que se quiere es vivir en espacios que no perjudiquen a la salud, "esta metodología se tendría que aplicar", recomienda la encargada del proyecto Friendly Materials. Para empezar, esta compañía sigue estas directrices no sólo en sus proyectos sino también en su sede corporativa. Un proyecto que está orientado también a gestores públicos y privados, técnicos, administraciones e instituciones públicas y privadas, empresas constructoras y especialmente a fabricantes de materiales de construcción.

Para concluir, Barata hace suyas las palabras de Bill Walsh, presidente del Healthy Building Network: "La oportunidad de vivir, trabajar y aprender en edificios que salvaguardan nuestra salud mediante la utilización de materiales de construcción saludables es más que un ideal. Es un derecho humano esencial".

 
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