Una nueva era en la inversión en vivienda de los particulares


Los fenómenos expansivos en la actividad inmobiliaria en España parecen haberse convertido en estructurales, y reaparecen tras los episodios críticos transformados, pero con parecida intensidad a sus ancestros. En los últimos años se ha generado un apetito por la propiedad inmobiliaria orientada al posterior alquiler, que a su vez ha desatado una nueva fiebre de precios, aunque exclusivamente concentradas en las grandes ciudades en las que la oferta de casa nuevas se ha agotado, tras la absorción del estocaje generado por la burbuja de hace diez años.

Hasta ahora se han absorbido buena parte de los excesos del último boom sin estresar los precios, bien es cierto que tras haber descendido a tasas cercanas al 40% real en las casas consideradas primeras viviendas, del 60% en las de playa y de hasta el 85% en los paquetes de suelo que estaban alojados en los balances de las inmobiliarias o de los bancos. Y en paralelo han surgido sociedades muy especializadas en nichos del mercado inmobiliario (gasolineras, alquiler tradicional, hoteles, residencias de estudiantes, etcétera), generalmente con carácter patrimonialista y con la generación de rentas de alquiler como fuente fundamental de ingresos. Y se han convertido a la vez en los principales vehículos de inversión de los particulares una vez que los fondos institucionales lo han puesto en marcha. De hecho, hoy son los instrumentos cotizados (socimis) fundamentales para la inversión minoritaria, sin la necesidad de los desembolsos, el riesgo y el apalancamiento que precisa la inversión directa en inmuebles, ya sean casas, locales o garajes.


 
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