4/5/17

Bankia dispara un 93% las hipotecas pero asegura que no hay riesgo de burbuja


Los resultados trimestrales de Bankia presentados este viernes, los más altos de su historia, guardan una sorpresa que ha sorprendido a propios y extraños: la formalización de nuevas hipotecas se disparó un 93,5% entre enero y marzo, muy por encima del 22,5% que creció el crédito al consumo y de las cifras que han ofrecido los dos grandes bancos españoles para sus hipotecas, en torno al 30%. Aun así, su consejero delegado, José Sevilla, asegura que no hay signos de una nueva burbuja inmobiliaria en España, y que hay margen para que siga creciendo la concesión de préstamos para vivienda.

¿Cómo se explica este crecimiento? Según el número dos de Goirigolzarri, por una conjunción de tres factores: la recuperación del mercado inmobiliario gracias a la mejora del entorno económico; una oferta que está obteniendo una "gran acogida en los clientes" ya que elimina las comisiones y no exige ninguna vinculación de productos; y un cambio de estrategia comercial por parte de Bankia en este producto. Hasta ahora, se había centrado más en crédito al consumo y empresas, mientras que la concesión de hipotecas estaba por debajo de la cuota que le correspondía teóricamente, ha explicado. De ahí que se haya centrado ahora en volver al negocio de las hipotecas.

Además, está haciendo mucho hincapié en los préstamos a tipo fijo, que Bankia ofrece al 2,5%. Sevilla ha explicado que, aunque en estos momentos es más rentable tener una hipoteca a tipo variable con los tipos oficiales negativos, tiene mucho sentido contratar una fija para los próximos 20 años ya que los tipos empezarán a subir en 2018 y, de forma más clara, en 2019. Esto coincide con la política de BBVA, donde el 50% de la nueva producción es a tipo fijo, pero contrasta con la del Santander, donde menos del 10% de las nuevas hipotecas son fijas.
Carteles de pisos en venta en Madrid.

Esta apuesta coincide con los anuncios por parte de Bankia de que piensa volver a dar crédito promotor una vez que termine la prohibición de entrar en este negocio impuesta por Bruselas, cosa que sucederá el 30 de junio. Ahora bien, la entidad tampoco quiere entrar de forma muy agresiva en este segmento: "La oferta es muy abundante y queremos buscarnos un hueco" en este mercado.
"No hay signos de burbuja"

A pesar de estas apuestas, Sevilla niega que haya "síntomas de recalentamiento ni de burbuja". "El sector en su conjunto está dando el 20% de las hipotecas que se daban en los años del 'boom'. Son niveles normales que pueden tener aún recorrido", ha añadido. Esta opinión es compartida por los consejeros delegados de otros bancos: José Antonio Álvarez, número dos del Banco Santander, ha dicho esta semana que "me cuesta buscar burbujas evidentes aquí o allá. En Europa no las veo. En un contexto de desapalancamiento [reducción de deuda], es difícil que se genere una burbuja".

Sin embargo, algunos observadores empiezan a detectar las primeras señales de alerta de una nueva burbuja en España. Es el caso de Sociedad de Tasación, que asegura que uno de los cinco indicadores que utiliza para anticipar una burbuja está en niveles preocupantes: el tipo de interés de las hipotecas se sitúa por debajo de lo que les cuesta ese dinero a los bancos. El Instituto Nacional de Estadística constata una constante caída de los tipos de interés de los nuevos préstamos, a pesar de que los gestores de las principales entidades han alertado de una subida motivada por las condenas por las cláusulas suelo y los gastos hipotecarios.

No obstante, los otros cuatro indicadores que sigue esta firma todavía no dan señales de alerta: la relación entre el número de hipotecas y el número de transacciones (en el 'boom' que acabó en 2009, las primeras eran muy superiores a las segundas y ahora están equilibradas); la relación entre el crecimiento del PIB y las afiliaciones a la Seguridad Social (también equilibrada ahora); la evolución del precio del suelo en relación al precio de la vivienda (que muestra una gran dispersión por zonas geográficas); y el incremento del precio del alquiler, que siempre acaba por trasladarse al suelo.

 
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