Shenzhen, la meca tecnológica amenazada por una burbuja inmobiliaria


Shenzhen, la ciudad que simbolizó la apertura de China al mundo, está dejando de ser una meca tecnológica de los jóvenes talentos, cada vez más angustiados por una burbuja inmobiliaria que hace inaccesible la vivienda.
"Ya he dejado de pensar en comprarme una casa en Shenzhen. Probablemente abandonaré esta ciudad en unos pocos años", confiesa Andy He, un joven que trabaja en el gigante tecnológico Huawei como ingeniero de circuitos.

Tener un empleo en una de las multinacionales más potentes de China ya no es garantía de una vida acomodada en esta ciudad, que en los últimos meses ha visto una continua subida de los precios de la vivienda que parece no tener techo y que se come una creciente proporción de los salarios.

Es generalizado el temor a una fuga de talento de esta urbe que fue designada por las autoridades comunistas a comienzos de los años 80 como pionera para introducirse en la economía de mercado y que, con el tiempo, se ha convertido en vivero de empresas tecnológicas.

Algunas de las empresas bandera de esa floreciente industria tecnológica china que tiene su cuna en Shenzhen, como Huawei o ZTE, incluso están pensando en trasladar parte de su producción a localidades vecinas por el encarecimiento del suelo.

Los precios de la vivienda subieron un 62,4 % en abril respecto al mismo mes del año pasado, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas, y estos grandes aumentos, que se suceden mes a mes desde el verano pasado, son la comidilla entre la población.

"Todo el mundo en China debe de hablar de ello, no importa si vive en Shenzhen o en otra ciudad. Comprar una casa es siempre la prioridad número uno", cuenta a Efe Gong Chen, un empleado de la banca que reside en una vivienda de su propiedad en esta ciudad de casi 11 millones de habitantes fronteriza con Hong Kong.

Según la tradición china, los jóvenes deben tener una vivienda propia antes de contraer matrimonio, lo que supone para muchos de ellos una enorme presión psicológica y social, pero también financiera.

"Varios de mis amigos han sufrido mucho estrés después de comprar su piso. El pago de la entrada proviene de los ahorros de varios años, de apoyo de familiares o de préstamos", explica otro joven residente en Shenzhen que prefiere identificarse sólo por su apellido, Xu.

Así lo corrobora Shao Shuhao, que trabaja en esta urbe cantonesa, y contempla con preocupación cómo el encarecimiento de la vivienda ha afectado al modo de vida de sus habitantes: "Más personas quieren tener una casa a costa de trabajar mucho para ganar más, así que tienen pocas vacaciones y trabajan como locos".

"El precio de la vivienda aumenta demasiado rápido. Según lo que sé, muchos tienen varias viviendas en Shenzhen. No para vivir, sino para invertir. Ellos son los que hacen que los precios de las viviendas suban tanto", se queja Shao.

Bobby Zhao, un agente inmobiliario de una empresa hongkonesa que opera en Shenzhen, apunta a la especulación como causa del encarecimiento de la vivienda, ya que cree que el ladrillo se ha convertido en el destino de inversión preferido tras la crisis bursátil del verano pasado.

"Entre junio y agosto de 2015, las bolsas chinas sufrieron un terrible desplome que hizo que dejaran de ser un canal de inversión valioso. El único camino que quedó fue el mercado inmobiliario", explica Zhao.

El calentamiento del mercado de la vivienda de Shenzhen se ha visto favorecido por la combinación de una relajación de la normativa local acometida por el ayuntamiento y las políticas de estímulo del Gobierno central de Pekín, que han abaratado los intereses del crédito y las hipotecas.

Para Zhao, lo que sucede en la ciudad está claro: "Sin duda, hay una burbuja".

La salida a esta situación genera cierta controversia, porque las opiniones de los residentes en la ciudad consultados por Efe se dividen entre quienes exigen una intervención gubernamental para enfriar el mercado inmobiliario y quienes apuestan por dejar que oferta y demanda se regulen solas.

Entre tanto, el gobierno local reconoció recientemente que unas 15.000 pequeñas y medianas empresas han abandonado la ciudad en los últimos meses.

La preocupación por los efectos de la burbuja inmobiliaria de Shenzhen ha llegado hasta Pekín, donde la prensa oficial empieza a preguntarse si esta ciudad, que durante décadas ha sido el orgullo de China, dejará de ser un polo de atracción del talento.

Fuente: http://www.eleconomista.es/
 
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