El mercado de la vivienda no tiene por qué temer al 'Brexit'


Cameron no es una político normal, es sumamente especial. Afortunadamente, pertenece a una especie única.
Cada vez que tiene un problema importante, en lugar de negociar con la otra parte (nacionalistas escoceses, euroescépticos), plantea un referéndum. Cree que la votación será un partido que ganará sin bajar del autobús y, si vuelve a vencer, lo habrá hecho en el último minuto de la prórroga y con la ayuda de la providencia.

El Brexit, entendido como la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), tendría repercusiones muy negativas para dicho país. Si son equivalentes a un tiro en el pie, en el estómago o en la sien dependerá del resultado de la negociación entre el nuevo Gobierno y la Comisión Europea (CE). Dicha negociación versará, principalmente, sobre el grado de libertad del comercio de bienes y servicios, la circulación de personas y la cuantía de su aportación al presupuesto de la UE.

Indudablemente, desde la perspectiva del Reino Unido, la peor de las diferentes opciones sería el mutuo establecimiento de aranceles y otras barreras comerciales, así como una considerable restricción al libre movimiento de ciudadanos entre las dos áreas. Si ésta fuera la alternativa escogida, el país anglosajón padecería a corto plazo efectos negativos: disminución de exportaciones, reducción de la inversión foránea directa y la salida de numerosas multinacionales. Además, no sería descartable que Londres dejara de ser la principal plaza financiera europea. En definitiva, muy probablemente veríamos como Reino Unido entra en recesión, pierde empleo y la libra sufre una gran depreciación.

Esta nueva coyuntura perjudicaría al mercado residencial español, especialmente en algunas localidades costeras emblemáticas, pues los británicos son los primeros compradores extranjeros de vivienda. En el primer trimestre de 2016, han adquirido 2.814 propiedades y han supuesto el 22% de la demanda total foránea. Además, constituyen una fuente de demanda en alza, pues sus adquisiciones aumentaron un 44% respecto a 2015. Una demanda que caería considerablemente por la destrucción de empleo y la pérdida de valor de la libra, al provocar su depreciación un aumento del precio de las viviendas en moneda nacional.

No obstante, el Brexit también tendría efectos positivos para el mercado residencial. Uno sería el aumento de la demanda de casas de alto standing en Barcelona y Madrid, así como en otras ciudades europeas. Dicho incremento sería consecuencia de la pérdida de libertad de movimientos por la UE de los residentes no domiciliados en el Reino Unido. Millonarios de Asia, Europa del Este, Oriente Medio y África que adquirieron una mansión en Londres para mover libremente por el continente y beneficiarse de las ventajas fiscales de la legislación británica.

Pero el más importante efecto positivo vendría de la reacción del BCE. Para evitar un parón en la recuperación de la zona euro, mayores caídas de las Bolsas y un menor gasto de las familias y empresas, probablemente volvería a bajar el tipo de interés al que presta dinero a los bancos (hoy en el -0,4%). También inyectaría más dinero a la economía aumentando la cifra de barras libres de liquidez y el importe de las adquisiciones de deuda pública y privada. Las consecuencias serían un Euribor más negativo (en mayo se situó en el -0,013%) y un aumento de préstamos hipotecarios concedidos.

Por otra parte, no sería de extrañar que para evitar un referéndum en cualquier país de la zona euro, la CE relajara los planes de reducción de los déficit públicos de los distintos países. Un aspecto que evitaría nuevas recortes en algunas partidas del presupuesto de las administraciones públicas y permitiría a corto plazo un superior crecimiento de la economía española.

En definitiva, desde la perspectiva de la cohesión e integración europea, sería una gran noticia que el Brexit no triunfara. No obstante, si lo hace, el sector inmobiliario español no tiene por qué preocuparse, pues las repercusiones positivas superarían con creces a las negativas. En los últimos cuatro años, la situación ha dado un giro de 180 grados. Antes, cualquier cambio era negativo para el mercado residencial; ahora, casi todo es positivo. Ha llegado un círculo virtuoso.

Fuente: http://www.elmundo.es/
 
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