¿Estamos viviendo una japonetización de las economías occidentales?


Es bien conocido que estamos inmersos en la peor crisis financiera y bursátil desde el crack de la bolsa de Nueva York en 1929 en cuanto a efectos sobre la economía real se refiere. Si la comparamos con las anteriores, ésta gana en complejidad, en alcance y en dificultad para ponerle freno.

Europa está tratando de evitar que su endeudamiento acabe por provocar una recesión a nivel mundial, ya que sus interconexiones con la economía americana ponen de manifiesto que se necesitan mutuamente para salir del bache actual. La resolución de esta coyuntura es también clave para el futuro de las economías emergentes, en las que su consumo interno no es suficiente para tirar de la demanda y sus exportaciones dependen principalmente de Europa y Estados Unidos.

Los mercados están descontando las expectativas de bajo crecimiento en los próximos períodos y en sus últimas declaraciones, Angela Merkel lo corroboraba diciendo que el tiempo necesario para superar la situación que estamos viviendo podría sobrepasar los diez años. No es del todo descabellado pensar que posiblemente en los próximos ejercicios vivamos períodos de crecimiento con altibajos que podrían terminar en resultados con incrementos del PIB de suma cero, al igual que lleva ocurriendo en Japón desde hace veinte años. ¿Pero es realmente comparable lo que estamos viviendo, por ejemplo en Europa, con lo ocurrido en el país nipón en las dos últimas décadas?

Sabemos que son crisis diferentes, tanto en magnitud como en nivel de contagio a otros territorios, pero tienen un origen común, el endeudamiento. La crisis que comenzó en Japón en los años 80, se originó por los excesos en los mercados inmobiliarios. En EEUU el detonante fueron las hipotecas subprime y en el caso de España la burbuja inmobiliaria y su exceso de tasación sobre los inmuebles. Otro punto en común ,son las rigideces estructurales de estos mercados y la ineficacia en la gestión de sus dirigentes políticos.

La falta de credibilidad presupuestaria en Europa, provoca que haya que ajustarse el cinturón cuando lo que necesitan las economías es precisamente estímulo para poder crear empleos, que a su vez permitan pagar las deudas de los ciudadanos. El BCE sigue obcecado en controlar la inflación, cuando históricamente ha sido un mecanismo para pagar las deudas. De hecho el IPC para el conjunto de la Zona Euro alcanzó el 3,3% en septiembre, mientras que España alcanzó un nivel similar (3,1%), Alemania y Francia reflejaron niveles inferiores del 2,5% y del 2,25%, respectivamente.

Podemos pensar que este hecho refleja una mejora de la producción y que se está consumiendo más, pero en el caso español, las medidas de ajuste como el aumento del IVA, que grava el consumo, harían que los precios aumenten por esta vía, por lo que se deduce que existe actualmente una sobrecapacidad industrial y seguirán sobrando trabajadores.

A donde queremos llegar, si no se crece difícil que exista inflación y si no hay inflación, ¿Cómo pagamos las deudas?. Es un círculo vicioso del cual será difícil salir si no se toman las medidas adecuadas, corroborando distintas teorías de Estructura Económica. Está demostrado que bajo la amenaza de quiebra, los que hayan pedido una cantidad excesiva de créditos lucharán para saldar sus deudas, por lo que un pinchazo en los precios de los activos adquiridos mediante préstamos tendrán un impacto más dañino que los adquiridos con menos apalancamiento.

Durante largos períodos, Japón ha gozado de tipos de interés muy bajos, que favorecían el pago de sus deudas y también sus exportaciones, pero han desincentivado la productividad y la creatividad (“Trampa de la liquidez”). Quizás esto pase también con Europa, aunque las medidas tomadas por el nuevo presidente del BCE, Mario Draghi, tratan de estimular la economía en un momento en el que el flujo crediticio está prácticamente congelado.

Burbujas

Hemos podido observar cómo los abusos del crédito pueden desencadenar escaladas en los precios y terminar en burbujas. Ocurrió con los tulipanes en Holanda, con las empresas de Internet en el 2000 y con el sector inmobiliario en su última manifestación. Sin embargo, hay que destacar que hay ciertas diferencias con la crisis japonesa y con la actual: La existencia de países emergentes con mercados muy dinámicos y superávit comercial, una economía americana que es capaz de tomar decisiones rápidas y ser flexibles y una Alemania con baja concentración en el sector del ladrillo.

Aunque los niveles de endeudamiento de los países europeos y de Estados Unidos son superiores a los que desencadenaron la crisis en Japón, la dependencia de los americanos de la Zona Euro y de los países como China, India y Brasil de las occidentales, crean un caldo de cultivo que obligan a una necesaria cooperación entre los distintos países para evitar una recesión a escala mundial.

Este punto es muy positivo y podría hacer que esta situación en Europa no sea tan duradera como lo fue en el país asiático. Eso sí, pensamos que las perspectivas de bajo crecimiento de los próximos años y la difícil tarea de estimular la economía unido a los altos niveles de deuda, podría desencadenar en un período de inflaciones muy bajas al estilo japonés.

Por eso, pensamos que aunque Europa no es Japón, sigue un camino muy parecido y que Estados Unidos se verá afectado, aunque no en la misma medida. Es en este punto donde creemos en una japonetización de las economías occidentales, en donde se pondrá a prueba la fortaleza del euro, la capacidades de sus líderes y el nivel de cooperación a nivel mundial. Sin duda, estamos todos en el mismo barco y de todos depende la estabilidad de los países y de sus ciudadanos.

Una reflexión, la reciente bajada de tipos de interés por parte de Europa, va a suponer incremento económico porque el riesgo que se podría en el futuro ante el actual panorama , es entrar en deflación por una largo período de estancamiento con caídas severas del consumo. Todo está en manos de estos “banqueros políticos” que a nuestro criterio, tendrán que hacer su trabajo, esperando no vivir una situación económica a la japonesa.

Todo está en nuestras manos, y tengamos fuerza e ilusión por cambiar las cosas.

Fuente: http://www.finanzas.com/
 
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