"Al Sima no se viene a comprar un piso con ánimo regateador"


Eloy Bohúa, presidente del Salón Inmobiliario de Madrid, el ya popular SIMA, no milita en el optimismo antropológico. Está convencido de que la crisis inmobiliaria está lejos de terminar, porque los datos económicos de España no invitan a pensarlo. Se refiere al paro y, también, cómo no, a la escasa financiación que circula, sobre todo para dar créditos a la compra de vivienda. Y se queja, además, de la desaparición de los incentivos fiscales para la compra de vivienda.

A pesar de este escenario dibujado por el propio Bohúa, el presidente del SIMA asegura que quienes se acercan al Salón Inmobiliario para comprar una vivienda no lo hacen con espíritu regateador. “El comprador es consciente de que las ofertas que se les presentan son adecuadas, de que los precios ya están ajustados. Por lo que de verdad pelean es por unas buenas condiciones de financiación”, comenta Bohúa.

Pero lo cierto es que los visitantes de ediciones anteriores de este salón inmobiliario se han quejado de que en el mercado, fuera de las cuatro paredes del IFEMA, hay ofertas mucho más interesantes. Y no se referían precisamente a la financiación, sino a los precios. “No podemos negar esa sensación, ya que puede responder a la política de cada expositor, de cada promotor”, responde Bohúa. Los visitantes, además, siempre se han quejado de la concentración de la oferta en determinados lugares: en los nuevos desarrollos urbanísticos de la Comunidad de Madrid o provincias limítrofes y en la costa. “Madrid es el principal mercado español para las viviendas del litoral”, se defiende el presidente del SIMA. “Además, el SIMA va destinado, principalmente, al madrileño. Por eso, ofrecemos las viviendas de aquí”, asegura. Pero, ¿de qué calidad es la oferta que los promotores y los bancos llevan al Salón? ¿De verdad es lo mejor que pueden ofrecer?

Si el mercado inmobiliario es ahora completamente diferente a como lo era a mediados de la década pasada, también el SIMA ha cambiado radicalmente. En primer lugar, en cuanto a su dimensión: en 2003 y 2004 ocupaban seis pabellones del IFEMA. Ahora, sólo uno. Pero también en cuanto a su objetivo: hace seis o siete años, las compañías iban por imagen. En estos momentos, porque es fundamental para las cuentas de resultados de algunas compañías.

Fuente: http://www.finanzas.com/
 
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